He escuchado todos los mitos posibles sobre guardar porros a medio fumar. La gente me decía que meter un porro encendido en un tubo de plástico derretiría el fondo o haría que el siguiente porro supiera a plástico quemado. Honestamente, antes de empezar a usar portaconos específicos como este, desperdicié mucho buen cannabis apagándolo con la suela del zapato y envolviéndolo en papel.
En la práctica, este pequeño tubo de 12 cm ha sido un cambio radical en mis paseos diarios. Doy unas caladas, meto el cono, cierro la tapa y lo guardo en el bolsillo. Se apaga al instante, el olor desaparece por completo y, cuando lo enciendo más tarde, el sabor sigue sorprendentemente fresco. Nada de rollos, solo una herramienta simple y muy eficaz que cumple exactamente lo que promete. Es uno de esos accesorios económicos que compras una vez y te preguntas cómo pudiste vivir sin ellos.